chicadanesa

Siempre es complicado afrontar la realización de un biopic. Hay vidas que parecen muy interesantes sobre el papel pero que, como piezas fílmicas, cuesta encararlas hacia el lenguaje del entretenimiento.

Este no es el caso, la vida de Einar Wegene es lo suficiente jugosa como para hacer no un biopic, sino cien. Eso es lo que debió pensar Tom Hooper a la hora de escoger su última proyecto. Una historia digna de Oscar, con un director de Oscar (recordemos el arrase de El Discurso del Rey) y el flamante ganador del último Oscar al mejor actor. Y ojo, encima viniendo de otra transformación física radical. Esto está hecho amigos.

El problema es que la mayoría de este tipo de productos, tan encarados a arrasar en los premios de la Academia, se preocupan demasiado de sus opciones y olvidan su esencia: el corazón de la historia.
Como les ocurrió el año pasado a The Imitation Game o La teoría del todo, La chica Danesa es una película interesante y entretenida porque la historia que relata lo es, pero no por su propia inventiva. Hooper no ha arriesgado ni en cuanto a estética ni en cuanto a planteamiento. Es más, tal y como le ocurrió a la cinta de Morten Tyldum, no queda muy claro qué es lo que quiere explicar o qué visión quiere dar de la historia. La película es demasiado fría para un tema tan visceral como el que trata. Ni se moja ni emociona por si misma. El cineasta deja toda la responsabilidad sobre los hombros de sus protagonistas.

Pero, gracias a Dios, ambos están espléndidos. Eddie Redmayne, pese a su academicismo british (que encaja a la perfección con el resto de la película) y su contención, logra hacernos creer que quiere ser mujer. Pero si alguien destaca en esta cinta es la maravillosa Alicia Vikander. Su papel como mujer coraje es, de lejos, lo mejor de toda la película. 2016 es su año y los premios que no acumule por esta interpretación los conseguirá por Ex Machina. Hay Vikander para rato, recordar su nombre.

Una verdadera lástima que estas grandes interpretaciones no hayan sido arropadas por guión y dirección. Una historia tan llamativa y reivindicable como la de una de las primeras personas que cambia de sexo de la historia, no debería haber sido retratada de manera tan convencional. Las piezas del rompecabezas solo encajan cuando el pegamento es fuerte y sólido. Y, en este caso, se ha utilizado una barra de los chinos.

 


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Jordi Tobajas

jordi@codecmag.com

Commentario

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