Sex Education, irreverencia de manual

En solo 3 semanas, el nuevo éxito de Netflix, Sex Education, ya había sido visto por más de 40 millones de usuarios a nivel mundial. Estos datos han servido para dar luz verde directa a una segunda temporada y para que el gigante del streaming se anote un nuevo tanto ahora que parece que todas las grandes corporaciones quieren convertirse en su competencia y quitarle un trozo del pastel que el propio Netflix horneó.

La clave del éxito de esta nueva ficción podría radicar en el ligero desarrollo de sus tramas, los episodios pasan volando y, si bien no cuentan con impactantes cliffhangers, es tan agradecida de ver que es imposible no hacer click en el siguiente capítulo. La historia nos presenta a Otis, un adolescente virgen pero que ha acumulado un volumen elevadísimo de conocimientos en el ámbito sexual, gracias a que su madre, la siempre maravillosa Gillian Anderson, es una reputada sexóloga. Tanto es así que, junto con su nueva amiga Maeve, decide montar un pequeño negocio dentro de su instituto ayudando a los jóvenes en sus primer relaciones sexuales. Lástima que la teoría no siempre sea fácil de aplicar, pues el protagonista de la serie no es ni siquiera capaz de masturbarse.

Este llamativo punto de partida viene aderezado con divertidos y mordaces diálogos y una estética atemporal (o más bien multitemporal) que parece transportarnos a unos años 80 con smartphones y wifi. Esta irreverencia es, seguramente, el gran punto a favor de la ficción, pero también su talón de aquiles. Sex Education nace resabiada, enseguida deja claro que pretende ser una serie rompedora y políticamente incorrecta y, de tanto intentarlo, acaba convirtiéndose en todo lo contrario.

Probablemente las series más desvergonzadas (como su coetánea Big Mouth) son aquellas que lo son por su propia naturaleza, no porque lo intenten más fuerte. Al medida que pasan los episodios y, aunque el interés  y el divertimento no decaen, las tramas comienzan a hacerse más convencionales y la serie cae, sin pretenderlo, en los clichés a los que pretende dar la vuelta. Las escenas más salvajes y sorprendentes siguen ahí pero el tono culebronesco adolescente comienza a asomar la patita desdibujando unos personajes que parecían no seguir los arquetipos a los que estamos acostumbrados en este tipo de ficciones.

Pese a ello, Sex Education no deja en ningún momento de ser interesante y los personajes pasan a formar parte de tu pandilla de amigos ideal gracias a unas interpretaciones muy conseguidas (ojo con esa  Emma Mackey  que tiene “estrella emergente” escrito en la frente). Esperamos que la nueva temporada sea todo aquello que sus creadores quieren, pero sin que se note demasiado que lo están intentando. Y si no es el caso, no importa, seguro que volveremos a devorar los episodios como ha ocurrido en este primer y entretenidísimo acto.


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Jordi Tobajas

jordi@codecmag.com

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