Theodore rayado porque su móvil no le llama.
Theodore rayado porque su móvil no le llama.

Cada año hay una película que cubre el hueco hipster dentro de las nominadas a los Oscar. Este año le ha tocado el turno a Her, pero sería muy superficial considerar el último trabajo de Spike Jonze como un simple relleno. Porque este film, tan moderno y tradicional a la vez, tan complejo y tan simple en su esencia, apesta a película de culto de aquí a Hollywoodland. Y con razón.

Solo hay que echar un vistazo a las redes sociales para apreciar que existe gente que vive realmente enamorada de su iPhone, su iPad, su iMac o su iEgo. Por eso no suena a ciencia ficción demasiado lejana la historia de Theodore y Samantha, un sistema operativo con inteligencia artificial creado para suplir todas las necesidades de su propietario. El espectador no tarda en entrar en el juego que Jonze nos propone y, pasados unos minutos de metraje, olvida por completo que Samantha no es humana. Las reflexiones que acarrea el visionado de la cinta son múltiples: desde la deshumanización de la sociedad a la definición exacta de los límites del amor. ¿Por qué no podemos enamorarnos de alguien que no tiene consistencia física? Lo que comienza como un software diseñado para servirnos, termina siendo tan inteligente que acaba desarollando sus propios sentimientos de celos, amor e incluso sexuales. Los principios siempre son difíciles, más si ni siquiera puedes tocar a tu novia, pero la relación de los dos protagonistas se va afianzando pese a todas las dificultades y obstáculos que encuentran y terminan siendo una pareja (casi) normal.

Pero el intelecto y la naturaleza de Samantha evolucionan de una forma tan rápida que termina manteniendo multitud de relaciones a la vez, de forma paralela que con Theodore y el espectador se ve enfrascado en un complejísimo dilema. Creerte la relación de sus protagonistas ha sido sorprendetemente fácil, pese a su extraña condición. A lo que no estamos todavía acostumbrados, pese a que sea mucho más real que la anterior premisa, es a la posibilidad de que alguien esté enamorado de varias personas a la vez y que ello no signifique que la intensidad sea menor.

Poco se puede decir del guión de Jonze que la multitud de premios que le están cayendo no lo diga por si solo. Pero no es el único punto fuerte de esta semi-distopía. Uno de los mayores encantos del filme se encuentra en su reparto. Un inspiradísimo Joaquin Phoenix se mete con tal abruptidad en la piel de Theodore que resulta casi imposible identificar al puertorriqueño. Así como se está premiando el cambio físico de Matthew McConaughey, un servidor opina que la transparencia emocional que nos presenta Phoenix se merece mayor reconocimiento todavía.  Scarlett Johansson logra lo que parecía casi imposible, y sin lo cual no hubiera funcionado esta película, que nos creamos todos y cada uno de sus sentimientos, pese a no aparecer físicamente en pantalla en ningún momento. Su ausencia de la mayoría de premios solamente por este hecho resulta completamente absurda, cuando sí se ha premiado previamente a actores que interpretaban a personajes mudos. En el plano de los secundarios cabe destacar la labor de la siempre efectiva Amy Adams, que nos brinda otro personaje encantador. Puede que este sea el año en el que la Academia por fin la premie tras varias nominaciones (aunque no será por este film sino por La Gran estafa Americana).

En definitiva, Her termina siendo mucho más humana que el 90% de las películas de amor que pasan por la cartelera. Conmovedora y preciosista pero a la vez crítica y frustrante. Porque a veces, por duro que parezca, necesitamos volver a cometer los mismos errores para identificarlos y poder solucionarlos y eso nos puede pasar tanto con una pareja de carne y hueso como con un ordenador. Lástima que a veces sea demasiado tarde para arreglarlo.


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Jordi Tobajas

jordi@codecmag.com

Commentario

  1. […] este papel y su cara de poker convierte ésta en su mejor actuación (amén de su aportación vocal en la reciente Her) y, de momento, parece haber acertado con su reciente idea de alternar blockbusters marvelianos con […]

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