Mami, no me dejes de querer

moomy

El niño bonito del cine europeo vuelve a ser puntual a su cita anual con la cartelera, como si del nieto de Woody Allen se tratara. 25 años, 5 películas (cuatro estrenadas en Cannes y una en Venecia): la precocidad hecha cineasta.  Xavier Dolan  vuelve a nuestras salas después de quedarse sin distribución para su perturbadora Tom à la ferme. Dicha cinta supuso un cambio total de registro en su corta filmografía y su último trabajo, Mommy, encuentra el equilibrio perfecto entre esta y sus anteriores obras. Sin perder sus señas de identidad, nos ha regalado su película más redonda, dejando de lado algunos aires de grandeza que asomaron en sus predecesoras.

Moomy es una historia de segundas oportunidades, de amistad y de madurez. Aunque sobre todo es una oda al amor fraternal, el que se siente hacia la persona que te dio la vida, aunque las circunstancias hagan que la relación sea demasiado complicada para materializarse con normalidad. Hay muchas formas de querer a una madre y Dolan nos ha mostrado un ejemplo de lo más extremo. Ambientada en un Canadá ficticio donde es posible donar la custodia de tu hijo al Estado, la película nos presenta un panorama bastante desolador pero plagado de esperanza. El ambiente sombrío de una urbanización quebequense aunque con las luces y los colores del amanecer de un cambio, desolación y alegría se difuminan de un modo que roza la bipolaridad, reflejo perfecto de los sentimientos de sus protagonistas. ¿Podemos cambiar a las personas? ¿se puede luchar contra el destino y la enfermedad? Estas son solo algunas cuestiones que se plantean en la cinta, pero las respuestas no nos las da su guión, si no que somos los propios espectadores los que tenemos que hacer un juicio de valor para contestarlas. Aquí la moraleja está en la mente de cada uno.

Junto a las actrices fetiches de Dolan,  Anne Dorval y Suzanne Clément, encontramos al gran descubrimiento de la cinta, el joven Antoine-Olivier Pilon, un intérprete al que habrá que seguir muy de cerca en los próximos años. Su estado emocional marca el ritmo de la película en todo momento, así como su formato cinematográfico (totalmente recomendado su visionado en pantalla grande). Está presente de nuevo la puesta en escena vintage que caracteriza a Dolan, así como un potentísimo uso de la música. Aunque en esta ocasión se ha cambiado la electrónica alternativa por hits noventeros y de principios de los dos mil, priorizando los sentimientos por encima del toque cool (y algo frívolo) de sus anteriores trabajos.

En definitiva, el joven canadiense jugará con tus emociones sin que te des casi cuenta, pasando de la lágrima a la risa constantemente, y hará que te replantees tus propios principios morales y familiares ante una premisa de lo más desconsoladora. Una de las películas del año que te dejará un duradero poso en el alma.


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Jordi Tobajas

jordi@codecmag.com

Commentario

  1. […] a su temprana edad, no solamente ha sido premiado sino también jurado en la pasada edición. Tras la brillante Moomy, Dolan se rodea de estrellas francesas de primera categoría como Gaspard Ulliel, Vincent […]

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