Las últimas pinceladas de Ghibli

marnie

Este fin de semana los fans del estudio Ghibli están de enhorabuena.

En 2014, coincidiendo con la jubilación de maestro Hayao Miyazaki, el estudio anunciaba que paralizaban la producción de nuevos largometrajes. Una noticia que nos cogió a todos por sorpresa y dejó al mundo del cine huérfano de nuevas obras maestras animadas. Esperamos que pronto el estudio finalice la reestructuración anunciada y comience a producir nuevas maravillas. Hasta ese momento, tendremos que conformarnos con sus dos últimas creaciones, que llegan hoy a los cines de toda España.

El cuento de la princesa Kaguya es seguramente la obra más llamativa de las dos. Basada en el relato popular japonés El cuento del cortador de bambú, ha sido dirigida por Isao Takahata, padre del clásico reciente La tumba de las luciérnagas, probablemente la mejor película no-Miyazaki del estudio.

Recibida con aplausos en los festivales de Cannes y San Sebastián, la película logró una nominación en la pasada edición de los Oscar, galardón que finalmente se llevó la también magnífica Del Revés. Pese a ello, el filme ha sido un sonoro fracaso en Japón, al recaudar 22 millones de dólares, tras 8 años de producción y 49 millones de presupuesto.

La última película del estudio (de momento), El recuerdo de Marnie, ha recibido bastante menos atención mediática y, aunque es innegable que se trata de una obra menor de Ghibli, ha sido creada con tal delicadeza y buen gusto que la convierte en la hermana pequeña perfecta.

Hasta que la cinta no llega a su ecuador, el espectador no tiene del todo claro si está viendo un relato de descubrimiento lésbico o una historia sobrenatural y fastamagórica. Pero a medida que avanza el metraje, va comprendiendo que la película versa realmente sobre los orígenes de cada uno y la dificultad de encontrar nuestro sitio en el mundo.

Pese a una ambientación y un dibujo espectaculares, El recuerdo de Marnie se conforma con ser una cinta adorable y tierna. No aprovecha el grandísimo potencial que la historia, y los pinceles de sus animadores, aportan.

La que podría haber sido la obra animada definitiva sobre el autodescubrimiento se queda a medio gas, tal y como le ocurrió a la anterior película de su director: Arrietty y el mundo de los diminutos. Eso sí, que lo peor de un estudio sean películas tan bonitas como estas, dice mucho sobre el elevado nivel de Ghibli.

Ojalá que pronto nos sorprendan con nuevos trazos envolviendo historias eternas, como a las que nos han tenido siempre acostumbrados.


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Jordi Tobajas

jordi@codecmag.com

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