Phoenix

Sacar un disco que te encumbre y esconderte. Este fue el caso de Phoenix, ese grupo francés que, en 2009 encandiló a las masas con su cuarto elepé –Wolfgang Amadeus Phoenix-, un disco perfecto de principio a fin, y que desapareció tras la gira de forma inexplicable. Y poco a poco, fueron cayendo en el olvido; un olvido que les hacía parecer un grupo ya “antiguo”, de esos que eran escuchados años atrás, y recuperados ocasionalmente para retroceder en el tiempo de forma sutil.

Cuatro años después reaparecen de entre las sombras con otro disco. Cuatro años que se presuponen de composición y algo de reinvención. Phoenix presentaron el pasado 22 de abril Bankrupt! de forma oficial, un disco que, si bien lo comparamos con los 4 trabajos previos, parece que sale del camino establecido, pero manteniendo la esencia de los mismos: los teclados.

Bankrupt! es un álbum más conceptual, más trabajado. Con los sintetizadores por bandera desde sus comienzos –su citada esencia-, Phoenix han roto su silencio musical con diseños rítmicos que merecen ser escuchados atentamente. Entertainment, el single por antonomasia de este trabajo, lleva consigo una fuerza que recuerda a Charlie Brown, de Coldplay, acompañado con órganos de tintes japoneses, y que no quedan sino concretados con el videoclip del mismo; una buena manera de hacer bailar la cabeza de forma inesperada según se comienza la escucha. Pero hasta aquí el baile. Lo que falla es el cambio radical de unos ritmos rápidos a otros muy suaves, junto con los cambios melódicos marcados entre las mismas, que es lo que pasa con el segundo tema, The Real Thing, un tema que baja las revoluciones inyectadas con el single.

Bankrupt!, (que siendo tema homónimo al disco, es el más psicodélico y el que más desentona en el propio álbum), o Bourgeois son algunas de esas canciones que se suman al listado de cadencias lentas y que bajan el nivel de temas dinámicos y enérgicos como Don’t o S.O.S. in Bel Air. Estos dos últimos temas citados son de lo más destacable junto con trabajos como Drakkar Noir, uno de los temas más fieles al estilo propugnado por Phoenix en discos anteriores. Por su parte, Trying To Be Cool, uno de los mejores cortes del disco, va acompañado de ritmos electro-ochenteros que recuerdan un poco a aquel What A Fool Believes de The Doobie Brothers, resultando un tema que retrata lo que fueron Phoenix, y lo que intentan ser con este disco; quizás por ello es uno de los temas más completos del conjunto.

Todos ellos hacen del disco otro trabajo que, a base de sintetizadores y buenas voces, y destacando la facilidad de su vocalista, Thomas Mars, para adaptar diferentes registros que expresan desilusión, dejadez (o todo lo contrario) de forma contundente, logran una musicalidad que han conseguido que Phoenix se posicione como uno de los grupos más destacados del panorama musical indie francés, e internacional. Aunque todo ello, ese éxito previo, y quizás demasiado tiempo entre grabaciones, les ha llevado a sacar un elepé carente de un hit claro; con buenos temas dentro del mismo, sí, pero sin un exitazo concreto, contundente.

El disco es posiblemente un trabajo que no llega a cubrir las expectativas marcadas por su predecesor, pero que demuestra que Phoenix son capaces de dar aún mucho en todas sus facetas. Este trabajo quizás queda corto por esos cortes suaves de toques más personales, que alejan al oyente del disfrute pleno de un disco que merece más. Porque a parte de la composición musical, la creación expresiva de las letras de todos sus temas -argumento que bien merecería otro post a parte-, complementan un grupo ya de por sí bien plantado y con una dirección que apunta a lo alto.

 


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Adrian de Pedro

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