Julieta, dramático aturdimiento

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Se dice que la última película de Almodóvar, la número 20 de su filmografía, es la menos almodovariana de todas. Puede ser esta la razón por la que ha despertado pasiones y odios a partes iguales.

Lo cierto es que los mejores momentos de Julieta son aquellos en los que el cineasta manchego da muestras de su propio (y reconocible) estilo y se aleja del relato de Alice Munro. No es la primera vez que trabaja bajo una historia ajena, pero el resultado no ha acabado siendo tan redondo como en la infravalorada La Piel que habito.

Julieta es desgarradora e hiriente, pero en ocasiones excede el límite del dramatismo o al menos no lo aborda del mejor modo. Tras un arranque sublime, el espectador se deja llevar por la trama como si de la propia Julieta ( en su época madura) se tratase. La historia languidece y, aunque entretenida, termina siendo una sucesión de escenas más o menos poéticas y derrotistas. Llega un momento del metraje en el que el espectador sopecha que al guión le quedan poco trucos bajo el sombrero.

El final roza la perplejidad pues da la sensación que lo mejor está por venir. Pero no hay más. La película acaba con una especie de cliffhanger que jamás tendrá contuinuidad. También descolocan algunas escenas que, aunque bellas, apartan completamente de la historia. Como el caso de la secuencia del ciervo en el tren o el primer encuentro de Julieta con el personaje interpretado por Michelle Jenner. ¿Era necesario meter a Bimba y a su peinado colorado en la ecuación?

Eso sí, uno de los momentos que se antojaban más complejos de narrar, termina resolviéndose con especial lucidez: el paso de Adriana Ugarte a Emma Suárez mediante un secado de cabello deprimente. Todo un acierto. Ambas están impecables pese a ser primerizas en el universo del director. Otras, como Rossy de Palma, aportan el toque bizarro al que estamos acostumbrados en las obras de Pedro.

La cinta estaba pensada originalmente para llamarse Silencio (Scorsese les robó el título finalmente) y queda patente en la extrema contención del relato y en una Julieta que hubieramos agradecido que fuera más temperamental. Aunque gracias a ello se demuestra el tremendo talento de una Suárez que consigue que apreciemos su impresionante destrucción interna con tan solo una mirada.

El espectador abandona la sala aturdido, pero no sabe exactamente si para bien o para mal. Está claro que no es una de las mejores películas de Almodóvar, aunque tampoco ocupa la parte baja. Pero el revulsivo dramático que precisaba el director tras el tropiezo de Los Amantes Pasajeros se le ha ido un poco de las manos. Mucho sufrimiento y poca lágrima que, aunque era el propósito del director, termina enfriando, en ocasiones, las emociones que intenta transmitir.

Para su éxito será clave el boca-oreja que reciba pues la película se ha estrenado discreta en taquilla. No sabemos si causado por el escándalo de los papeles de Panamá, el éxito sorpresa de la última película de Paco León (Kiki, el amor se hace) o por una cautelosa apuesta de la distribuidora que espera ir aumentando salas a medida que la película vaya ganando prestigio.

En las próximas semanas contemplaremos el devenir de esta propuesta y se rumorea que el festival de Cannes nos dará pistas sobre ello. Quizá será el público poco afín al estilo personal de Almodóvar clave para el triunfo de su obra menos reconocible.


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Jordi Tobajas

jordi@codecmag.com

Commentario

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