Fuente: Lomography.com

Móviles de última generación, tabletas cada vez más delgadas, libros electrónicos que parecen querer enterrar a los de papel, y ordenadores con pantallas supersónicas. Está claro que la tecnología está en auge, pero ¿para todo? Parece que no.

Las modas siempre vuelven, y ese es el caso de la fotografía analógica. La primera gran innovación a nivel fotográfico llegó en los años 50, cuando surge la primera cámara capaz de tomar una imagen y revelarla en tan sólo 60 segundos. La mítica Polaroid marcó un antes y un después, y la tecnología se rindió por aquel entonces a las maravillas de la cámara instantánea. Este producto avanzó, creando cámaras cada vez más pequeñas y acortando el tiempo de revelado de la foto, pero todo se vino al traste con la aparición de la fotografía digital allá por 2004. Cuatro años más tarde, Polaroid anunciaba el cese de su actividad como empresa fotográfica, aunque desconocían que el cierre iba a durar poco. Y es que de la mano de Lady Gaga como nueva “directora creativa”, Polaroid volvería al mercado, pero eso era sólo el principio de lo que se comenzaría a denominar como tendencia un poco más tarde.

Fuente: lomography.com

Tan sólo unos pocos se empezaban a atreverse hace cosa de un año con la fotografía analógica. Modernitos que se pasean fotografiando cada esquina del barrio antiguo de su ciudad, super modelos capturando desde un modo más íntimo sus shootings y producciones con famosas firmas. Luego están las it girls, como la hijísima de la diseñadora Lydia Delgado, Miranda Makaroff, que inmortalizan a sus amigos hipsters en esas fiestas tan exclusivas en las que se bebe champagne del bueno, a pesar de ir en deportivas. Son algunos de los ejemplos que han impulsado la vuelta de lo analógico. Pero no nos dejemos engañar, la fotografía está al alcance de cualquiera.

La fiebre por la LOMO

A muchos les picaba el gusanillo de volver a oír ese ruidito que hace el carrete al girar la rueda, o de ver cómo un gran flash que funciona a pilas (sí, A PILAS) ciega a todos los que se encuentran a un radio de al menos tres metros de distancia, y por eso marcas como Lomography están haciendo el agosto ahora mismo. Todo comenzó en 1992, cuando dos jóvenes estudiantes de arte paseaban por la preciosa Viena y se encontraron algo que les llamó la atención. Era una cámara de fotos, pero nunca habían visto ninguna parecida. Decidieron probarla, jugar con ella, y foto arriba, foto abajo, cuando las revelaron, descubrieron que ese aparato era mágico.

Modelos de cámaras analógicas

Las fotos quedaban con unos colores increíbles, la luz se transmitía de una manera diferente, y las encuadraba un pequeño halo antiguo que las hacía especiales. Entonces decidieron hacer negocio, y viajaron a San Petersburgo, donde la Lomo tiene sus orígenes –de hecho, fue creada para la KGB en plena Guerra Fría-, para cerrar el business y convertir la tomografía en todo el fenómeno que es hoy día. Bajo el lema de experimentar y crear con la fotografía, dando rienda suelta a la imaginación, las cámaras analógicas que proponen desde sus galerías (que no simples tiendas) ya entran por los ojos. Sus diseños en plástico del barato, llenos de colores y formas al más puro estilo vintage, son un objeto de deseo para muchos.

Las hay de varios tamaños y formatos, algunas tienen un carácter más profesional y otras parecen ser de mentira, más indicadas para los amateurs que quieren aprender a jugar con ellas. En definitiva, son un dulce de lo más goloso. Lomography ha creado toda una cultura de la fotografía analógica. En su página web (www.lomography.es) puedes encontrar desde ejemplos de instantáneas tomadas por adictos a este arte, apuntarte a cursos para aprender a utilizar cualquiera de sus cámaras y, por supuesto, trucos para conseguir efectos en las tomas.

Fuente: Blog de Miranda Makaroff

El caso es que, ya sea por la influencia de terceros, porque nos pica la curiosidad, o simplemente porque deseamos esos preciosos aparatos que parecen emular juguetes de los chinos, parece que la fotografía analógica ha vuelto (¿o es que nunca se fue del todo?). Llevar las fotos a revelar a la tienda de abajo y verlas sin plantarles los dedos –porque las has pedido en brillo, naturalmente-, no se ha acabado, sino que vuelve en versión moderno, con gorra y zapatillas, y con más fuerza que nunca.


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Natalia Llopis

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