El ranking definitivo de un maestro

Cuando el viento se levanta, Miyazaki se acuesta.
Cuando el viento se levanta, Miyazaki se acuesta.

Antes de que la última gran obra del maestro Hayao Miyazaki abandone las salas españolas y, con ella, un cuarto de siglo de magia nipona, nos atravemos a rankear las inolvidables películas del cineasta ganador de un Oscar de la Academia para que los no-iniciados que se hayan sorprendido con El viento se levanta conozcan el resto de sus obras maestras. Cabe aclarar que todas ellas son únicas y reivindicables a su modo y que hemos decidido dejar de lado su carrera televisiva porque sería injusto para Marco y Heidi, que juegan en otra liga.

11-. Lupin III: El castillo de Cagliostro (1979): Primera aventura en la gran pantalla de Miyazaki y el mejor producto salido de la saga del popular ladrón. Una estupenda forma de abrir boca ante lo que estaba por venir: un trayectoria brillantísima que ha emocionado a toda una generación y ha arrasado en las taquillas del otro lado del planeta. Pero esta primera no deja de ser una película sacada de una serie, nada que ver con las impresionantes historias originales que estaban por llegar.

10-. Nicky la aprendiz de bruja (1989): Entrañable y divertida a partes iguales, tiene las virtudes y los defectos que conlleva cualquier película apta para toda la familia. Emociona tanto a pequeños como a grandes y es una de las películas del maestro más “aptas” junto a Totoro. Obviamente se le resta dramatismo y crudeza a favor de la comicidad y la belleza (lo cual no tiene porque ser negativo). Pero nos regala una paleta de colores y trazos tan hermosos que al final es lo que acabamos recordando de la historia de esta brujita tan simpática. 

9-. El castillo en el cielo (1986): Pese a sus encantadores personajes y su trabajada historia, este filme palidece  en cuanto a ritmo si la comparamos con el resto de la filmografía del cineasta. En su momento emocionó a toda la audiencia pero el otro castillo (el ambulante) terminaría trayéndonos una trama mucho más compleja e irresistible (y sin que el ritmo decayera). Eso sí, nunca olvidaremos a Pazu y Sheeta y supuso un paso adelante muy importante pues con ella empezamos a adivinar que el genio tenía mucha magia que aportarnos con sus trabajos. Venía detrás de Nausicaa, y eso pesa. 

8-. Ponyo en el acantilado (2008): Esta preciosista historia de dos niños que se enamoran parece más propia de la primera parte de la trayectoria del director, pese a que se trate de su penúltima película. Cuando nos estábamos acostumbrando a hyper-dramáticas ficciones, Miyazaki decidió hacer un back to basics con este carismático pececito y su inolvidable aventura. Pudo suponer una pequeña bajada de nivel, pero es más saludable pensar que simplemente se trataba de un pequeño descanso agradable antes del gran clímax final. Tierna y emotiva, nos regala unas imágenes marítimas que conforman algunas de las escenas más impresionantes de la historia de la animación.

7-. Porco Rosso (1992): Planteada para ser un corto, nadie parecía preveer que una película histórica de entreguerras protagonizada por un cerdo aviador podía dar para tantísimo. Con un guión divertido pero sumamente elegante y una estética que recuerda a la Edad de Oro del cine, el director hila política, amor y mucho humor creando una de sus obras maestras.

Nausicäa sería capaz hasta de hacerte reciclar.
Nausicäa sería capaz hasta de hacerte reciclar.

6-. Nausicäa en el valle del viento (1984): Ya con su segundo largo dejaba claro que esto iba en serio. La Mononoke de los 80 fue igual de violenta y extraña que la de los 90 y nos mostró algo que no estábamos acostumbrados a ver en la animación japonesa. Mucho menos sabiendo que era una película del creador de Heidi. Dejando lo prejuicios a un lado, la película fomentaba valores, emocionaba y acongojaba. La primera gran obra de Miyazaki, su Biblia particular y toda una declaración de intenciones. Trataba temas que se iban a repetir continuamente en su obra posterior: lo absurdo de la guerra, el amor por la naturaleza o la aviación. Una oda al ecologismo mucho antes de que llegara Al Gore a comernos la cabeza.

5-. El viento se levanta (2013): El cineasta nos ha abandonado (fílmicamente hablando, que él sigue vivito y coleando) con su historia menos fantasiosa y onírica. Incluso en el guión ha tenido que incluir sueños para que hubiera algo de magia. Podríamos catalogarla hasta de clásica, pero no por ello hablamos de su película menos personal (hubiera sido un bajón terminar así). De nuevo la aviación y la guerra se unen en una historia de amor bigger than life. Un filme que de estar rodado con personajes de carne y hueso hubiese arrasado en la última edición de Los Oscar. Dramática pero huyendo de lo lacrimógeno, esta aventura tan adulta se aleja de las premisas infantiloides de algunas de sus películas para cuestionar las prioridades que debe afrontar cualquier persona adulta, sea de la época que sea.

4-. Mi vecino Totoro (1988): Rey del merchandising a posteriori, Totoro es mucho más que un muñeco de peluche encantador. Esta historia tan y tan simple con una sinopsis que se podría resumir en dos líneas y un tono tan infantil pero surrealista a la vez, podría haber sido una obra menor y olvidable. Pero contiene los personajes más carismáticos de toda la carrera de Miyazaki, unas imágenes que nunca podremos olvidar y la escena del gatobus, que ya forma parte de la historia del cine. Seguramente no sea su mejor película, pero sí la más entrañable y que mejor ha envejecido de toda su filmografía. Todos querríamos tener a Totoro de vecino para dormir encima suyo.

3-. El castillo Ambulante (2004): Llego después de dos clásicos incontestables y su recibimiento primero fue algo frío. Pero el tiempo le ha acabado dando la razón y a día de hoy es imposible no tacharla de obra maestra (no queremos que el lector crea que usamos esta palabra a la ligera, pero es que en la filmografía de Miyazaky abundan, por algo es un genio). Una historia enrevesada, compleja y altamente adictiva. El espectador nunca tiene claro donde está en cada momento, pero se deja llevar por la magia de ese castillo, la encantadora protagonista viejoven y un espantapájaros que, sin mediar palabra en todo el metraje, resulta el mejor alivio cómico posible.  Sin olvidar, claro está, al mejor personaje del film: el fuego que calienta el castillo. Ojito, que se embolsó 190 millones de dólares solo en Japón convirtiéndose en una de las películas más vistas de la historia en el país del Sol Naciente.

2-. El viaje de Chihiro (2001): La película mejor valorada del cineasta y la más taquillera a nivel mundial. Ganadora de un Oscar (en el año del primer Ice Age) y con millones de referencias culturales posteriores (canción de Iván Ferreiro incluida). Es sin duda la obra que pondrán como ejemplo de buena animación en las escuelas de cine, pero como este es un ranking subjetivo, se tiene que conformar con nuestro segundo puesto. La película más onírica y extraña del cineasta, compleja y tierna a la vez: mezcla las dos facetas del director en un solo producto con un resultado impecable. Personajes adorables pero que asustan y una trama más cruda de lo que parece, ya que su tratamiento colorido y supuestamente infantil tiñen todo el relato con una atmósfera que relaja las aristas más duras del libreto.

Mononoke, la princesa más bruta de la historia.
Mononoke, la princesa más bruta de la historia.

1-. La princesa Mononoke (1997): Quizá no fue la elegida para el Oscar (a favor de Chihiro) porque es demasiado Miyazaki. Dureza extrema, mensaje directo y crítico, surrealismo, ecología, venganza y sangre. Sí, sangre por un tubo en una película de animación, los académicos, tan conservadores ellos, no pueden premiar eso por encima de las fantasías moralistas de toda la vida. Bueno, quizá fue por eso o porque todavía no existía la categoría de Mejor Película de Animación. Si no fuera por estas dos variables puede que hoy día Mononoke fuera el clásico inmortal por encima de su sucesora. Una película bellísima y excesiva, que roza lo gore pero con buen gusto, porque es clara como la vida misma e implacable como la fuerza de la naturaleza.


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Jordi Tobajas

jordi@codecmag.com

Commentario

  1. Jesús Morales 7 mayo, 2014 at 16:44 - Reply

    Como amante confeso de las cintas de Studio Ghibli me sorprende el impacto que en los últimos meses, quizás desde la retirada de Miyazaki, está recibiendo su filmografía. Particularmente lo celebro, siempre disfruto leyendo algo nuevo de su obra.

    No comparto el top del Ranking, para mí (quizás es porque estoy más cerca del gusto comercial) Chihiro siempre será Chihiro. La película abrió el siglo y el milenio como el gran clásico de un cine infravalorado a este lado del globo con una estética y una ética algo más que sobresalientes. Creo que el resultado es sencillamente emocionante, obra de arte entre las obras de arte.

    Mi enhorabuena por la entrada Jordi, me ha gustado mucho.

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