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Dani Rovira oliendo a chamusquina

Los Premios Goya llevan protagonizando en los últimos años una desconexión total con el público, eso es innegable.

En las nominaciones de este año no vemos por ninguna parte, o asoman de forma simbólica, a los grandes taquillazos de 2015: 8 Apellidos catalanes, Palmeras en la Nieve o Regresión. Es probable que tampoco se lo merezcan (y de hecho no se lo merecen), pero siempre es curioso presenciar lo separados que caminan público y Academia en la mayoría de ocasiones. En los Oscar al menos meten algún que otro blockbuster, como este año con Marte, que crea más hype al gran público.

El interés por los premios acostumbra a ir íntimamente ligado a la taquilla de sus nominadas, pero entendemos que es algo que no se puede forzar.

Como dato, la nominada a mejor película más taquillera es Truman, la 8ª española más vista del año con medio millón de espectadores. Una décima parte de los que vieron la continuación de Ocho Apellidos Vascos.

Pero es que este año, los Goya no solo se han separado de la audiencia, sino también de la crítica. Nadie quiere la noche no fue recibida precisamente bien en Cannes y Coixet lleva tiempo sin recibir demasiados halagos. También parece bastante claro que Un día perfecto no es de los mejores trabajos de León de Aranoa y que A cambio de nada no pasa de simpático entretenimiento. Las únicas cintas que ponen más o menos de acuerdo a todo el mundo son, de nuevo, Truman y La Novia (seguramente la gran favorita).

Viendo los elogios recibidos por trabajos como Isla Bonita, Negociador o Los Exiliados Románticos por la prensa especializada, llama la atención que no hayan hecho ruido en la terna de nominadas.

Y para darle un poco más de expectación al asunto, se podrían haber incluido productos más masivos (y de calidad) como El Desconocido de Dani de la Torre o Anacleto, Agente Secreto, una de las sorpresas más agradables del pasado año.

Al final las candidaturas han quedado deslucidas con películas poco llamativas o de dudosa calidad, huyendo del riesgo y evidenciando que tenemos una Academia de cine que no hace otra cosa que mirarse su propio ombligo.

Si a esto le sumamos un presentador que si no ha empezado ya a cansar por sobreexplotado, poco le queda; un guión que preveemos tan sonrojante como el de años anteriores y el ritmo propio de una película de Garci, la gala de este sábado tiene todas las papeletas para volver a ser tan infumable como siempre.

Espero equivocarme, en los próximos días saldremos de dudas.


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Jordi Tobajas

jordi@codecmag.com

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