Y que no me digan en la esquina...
Y que no me digan en la esquina…

No es la primera vez que hablamos de la madurez actoral tan buena que está teniendo Daniel Radcliffe (aka Harry Potter) y parece que ésta se va afianzando a pasos agigantados. Horns, la última canallada de Alexandre Aja (Las colinas tienen ojos, Piranha 3D) es una buena muestra de ello.

Es complicado definir el género de este filme, pues va variando a medida que van pasando los minutos de su metraje. Lo que parece comenzar como una comedia negra, va mutando hacia un thriller fantástico con toques de sátira religiosa. Su premisa no puede ser más bizarra: Un joven es acusado por la muerte de su novia y, a la espera del juicio, todo el pueblo lo demoniza. Tanto es así, que el chico termina desarrollando cuernos ante los cuales la gente saca su lado más oscuro y perverso.

Al principio el espectador recibe Horns con bastante escepticismo, pues no presenta una propuesta clara hasta pasada la primera media hora. Pero una vez que entra en su juego y se deja llevar, se convierte en un divertimento bastante notorio que juega entre alegorías y conceptos clave de nuestra sociedad para , una vez ya se ha ganado la atención del público, dejar volar su lado más onírico y fantástico. Nos muestra que todos guardamos al mismísimo Satanás en nuestro interior y si no tuviéramos miedo a dejarlo salir, el mundo sería un lugar mucho peor.

No estamos ante la enésima apuesta por el género juvenil, aquí el protagonista (por muy enamorado que esté) es un antihéroe de libro y los personajes son demasiado desagradables para ganarse la confianza de nadie. Pero sin duda estamos ante un giro interesante para la carrera de Radcliffe, quien ya nos ha demostrado varias veces que no tiene miedo a romper estereotipos con tal de alejarse lo máximo posible del encasillamiento y quedar para doblar videojuegos de la franquicia de J. K Rowling o asistir esporádicamente a congresos y concentraciones sobre el niño mago (¿quién ha dicho Mark Hamill?). Él vale para mucho más, y está dispuesto a todo para demostrarlo. Incluso dejarse crecer cuernos sobre su cabeza.


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Jordi Tobajas

jordi@codecmag.com

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