Del cine a la TV: reboots y nostalgia

crueles

Acusar a la ficción televisiva de falta de ideas (como en la cinematográfica) sería muy injusto teniendo en cuenta que el número de series que se producen en la actualidad se ha multiplicado con respecto a hace unos años.

Nuevos canales, más plataformas y novedosos sistemas de visionado que han motivado una nueva edad de oro (dentro de la ya edad de oro inaugurada en 2004) de las series y la necesidad de afrontar el elevado número de horas de visionado que demanda hoy en día el espectador.

Como consecuencia, los showrunners han tenido que echar mano de remakes de series clásicas y la adaptación de decenas de cómics y novelas.

Pero una de las nuevas modas más curiosas es la adaptación televisa de clásicos del cine, cuando estábamos acostumbrados al proceso contrario. Resulta llamativo como los estudios norteamericanos consiguen convertir los 90 minutos de la cinta original en 13 (o 20 o los que crean oportunos) episodios de 40 minutos cada uno.

El invento, por el momento, no está funcionando nada mal. Incluso nos han regalado propuestas bastante loables (algunas). Hasta en España nos hemos atrevido con la adaptación de Perdiendo el Norte (con resultados menos destacables, claro).

La serie Scream, que estrenaba el verano pasado MTV, tenía todas las papeletas para ser un bodrio de manual, pero al final consiguió convertirse en un entretenimiento bastante disfrutable. Y eso que Ghostface no estaba en el ajo. Fargo, por su lado, se ha convertido en un clásico instántaneo colmado de premios, haciendo a la serie casi más popular que la película original. Hannibal no se quedó atrás y también ha enamorado a crítica y público pese a no conseguir audiencia suficiente para seguir en antena, convirtiéndose en casi un producto de culto.

Tampoco han estado nada mal Bates Motel (pese a su flojo y desesperanzador arranque), Ahs vs. Devil (basada en el clásico de Sam Raimi Posesión Infernal) y 12 Monkeys. Peor suerte ha corrido la adaptación de Minority Report que estrenó FOX al comienzo de esta temporada y que fue cancelada de manera fulminante.

Mención a parte merece la exitosa e impresionante adaptación, rodada en directo, de Grease (cuya precursora fue Sonrisas y lágrimas). Todo un alarde de realización planeado al milímetro que ha abierto la veda a nuevas versiones, ya en preproducción, de Dirty Dancing y The Rocky Horror Picture Show.

El cine seguirá siendo fuente de nuevos productos televisivos en los próximos años, de eso no hay ninguna duda. Los dos pilotos (ya aprobados) que más nos han llamado la atención, y no sabemos si para bien o para mal, son los de El exorcista, protagonizado por Geena Davis en FOX, y Crueles Intenciones, secuela de NBC donde repetirá Sarah Michelle Gellar, esta vez convertida en empresaria de éxito.

¿Volverá a helarnos la sangre la malvada Kathryn Merteuil al ritmo de BitterSweet Symphony? Si el invento sirve para ello, bienvenido sea.


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Jordi Tobajas

jordi@codecmag.com

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