Los caminos de Pitchfork son inescrutables. Y si los gurús estadounidenses eligen París como la tierra prometida para celebrar su festival, allá que vamos nosotros, en romería, como buenos peregrinos.

Y pese a que en este caso no había santo al que besar, la cantidad de grupos que prometían hacernos ver el cielo no era despreciable.  Antes de llegar siquiera a las puertas del reciento, ya teníamos una cosa clara: pasara lo que pasara nos iba a gustar. Y no por pretenciosos, sino porque con tal elenco de artistas, ni en el peor de los casos podíamos salir defraudados.

Aunque el cartel del primer día, jueves, era más que envidiable, el público parisino no debió pensar lo mismo. El recinto, una antigua estación de trenes reconvertida en complejo de eventos, parecía quedarse grande para artistas de la talla de DIIV, Factory Floors o Japandroids. Y no porque las bandas no estuvieran a la altura de las circunstancias, más bien era el público el que flojeaba. Los hipsters de la ciudad de las luces, aunque guapos como pocos, daban la sensación de no tener sangre en las venas. Y lo que para nosotros, españoles ruidosos y con muchas ganas de fiesta, era todo un acontecimiento, para ellos parecía más bien “otro evento más”.

Sea como fuere, la segunda parte de la noche pareció sacarlos a todos un poco de su letargo y acabó animándose con la actuación de nuestro querido Talabot (acompañado de su inseparable Pional), Sébastian Tellier (que no renegó de su hit eurovisivo), James Blake y un final de fiesta por todo lo alto de la mano de M83, que estuvieron a la altura de su posición privilegiada dentro del cartel, sin olvidar que jugaban en casa y eso siempre da puntos. A las 2:00h de la madrugada la fiesta ya estaba más que acabada y, visto lo rápido que se vació el recinto, cualquiera habría dicho que todo el mundo tenía ganas de irse a dormir.

Después de una primera jornada de adaptación, ya podíamos hacernos una idea de lo que nuestros voisins entienden como festival. Quizás cabría preguntarnos si dicha actitud forma parte del postureo que cabía esperar en un evento de estas características o si era simplemente sosez intrínseca. El caso es que nos plantamos en una segunda jornada que, pese a presentarse como la antesala de la gran noche final del sábado, para muchos de nosotros era el plato fuerte. Apenas tuvimos tiempo de preguntarnos qué estaba pasando a nuestro alrededor, dando ya por hecho que en medio de aquel ambiente quasi familiar éramos los espitados de la fiesta, fuimos de concierto a concierto en un eterno in crescendo que vivió sus puntos más álgidos con los conciertos de Robyn (¡que vivan las suecas!), Chromatics (gran revelación) y Fuck Buttons. Esta vez cerrarían la noche unos Animal Colletive que, mal que nos pese, dieron un concierto en menor grado para sus fans y en gran medida para sus egos. No por ello dejamos de quererlos, pero poco a poco nos convencemos de que merece más la pena escucharlos en nuestros ipods.

Esta segunda noche, que también llegó a su fin antes que cualquier late night de Telecinco, nos dejó más que satisfechos, aunque con ganas de continuar. Así que nos plantamos en el “after” oficial. Aunque la discoteca elegida, a escasos metros del recinto, era más bien pequeña, tampoco esta vez consiguió llenarse. Y, llegados a este punto, casi agradecimos poder bailar al son de Lindstrom sin agobios.

Y así llegamos a la tercera y última noche del festival. Con la adrenalina que produce saber que lo que ha sido tu vida durante más de dos días (lo que de repente te parece ya una agradable rutina) está a punto de tocar fin entramos en el recinto que, esta vez, parecía haber atraído a un mayor y más diverso número de asistentes. Esta última jornada tampoco nos dejó tiempo  a asimilar lo que realmente teníamos ante nuestros ojos. De repente, llegas a pensar que ver a Twin Shadow, Liars, Death Grips o Grizzly Bear es algo que te pasa todos los días. Pero, sin desmerecer, no es hasta que tienes delante al gran Totally Enormous Extinct Dinosaurs cuando te das cuenta de que, por mucho que les parisiens se lo tomen con tanta serenidad, el Pithfork no es un festival de pacotilla y la elección de sus bandas no es baladí. A partir de ahí, un final de fiesta que encadenó a Simian Mobile Disco, Rustie y Disclosure, para acabar con un Julio Bashmore que, del subidón acumulado, casi nos supo a poco.

Y así, de la misma forma que empezó el festival, con total calma, como si fuera algo que sucede todos los días, llegó a su fin. Y nosotros, que en un principio no supimos entender por qué esa gente no bailaba (nadie ha dicho que lo hayamos entendido todavía), ni por qué un cartelazo semejante no había atraído a más público, nos volvimos a casa con el buen sabor de boca que te deja un evento de tales características. Y, si bien es cierto que el Pitchfork Music Festival es todavía un festival novel al que le queda mucho camino por andar y algunos puntos de la organización que mejorar, a ninguno de los allí presentes nos cupo ninguna duda:  ¡Hasta el año que viene, si Dios quiere!


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admin

Commentario

  1. […] Arenal Sound, a fiestas de lo más comentadas como la Casa Jäger o citas internacionales como el Pitchfork Music Festival en […]

  2. Verónica Font (@veromf90) 11 noviembre, 2012 at 13:04 - Reply

    RT @Codecmagazine: Ampliamos fronteras en Codec y nos hemos trasladado hasta el Pitchfork Music Festival de París. Aquí nuestra crónica. http://t.co/zKqk0adv

  3. (@Codecmagazine) (@Codecmagazine) 11 noviembre, 2012 at 12:53 - Reply

    Ampliamos fronteras en Codec y nos hemos trasladado hasta el Pitchfork Music Festival de París. Aquí nuestra crónica. http://t.co/zKqk0adv

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