Gosling, Mendes y su probre retoño
Gosling, Mendes y su probre retoño

Tras la espléndida Blue Valentine, lo que nos trajera Derek Cianfrance iba a ser recibido con los brazos abiertos. Más aún si volvía a contar con Ryan Gosling para protagonizarla. Que por cierto, a lo tonto el canadiense ya se ha convertido en el actor fetiche de dos cineastas: éste y Refn (que lo puso de moda con Drive y con el que repetirá en Only God Forgives). Y es precisamente Gosling el que consigue que esta irregular Cruce de Caminos tenga sus mejores momentos.

El film, dividido en tres partes bien diferenciadas, arranca de forma magistral pero se va desinflando a medida que avanza el relato. Sin lugar a dudas, Luke (Gosling) es el personaje más trabajado, recordándonos en ocasiones al conductor de Drive por la mezcla perfecta entre frialdad y emoción que transmite con tan solo una mirada. Ese hombre que se quiere redimir por el bien de su familia pero que construye sus actos maduros a través de malas acciones que no hacen sino introducirlo en un círculo vicioso de autodestrucción. Aquí no hay coche, sino moto, pero la elegancia ruda de Gosling sigue intacta. Y lo que se anticipaba como un thriller al uso es un dramón como la copa de un pino. Una historia de personas que no saben como crecer ni como quererse.

En el segundo acto conocemos al policía interpretado por Bradley Cooper, seguramente en su mejor papel dramático (recordemos la sorpresa que supuso en El lado bueno de las cosas) hasta la fecha. De pronto la película se convierte en una historia de remordimientos, demonios internos y corrupción policial. Aquí el ritmo comienza a decaer, aunque Cianfrance continúa ofreciéndonos grandes momentos y los giros de guión siguen siendo igual de interesantes. Aunque el espectador comience a desesperarse por un final de relato que se antoja lejano.

Y es la tercera y última parte del filme la que más flojea dentro del conjunto. Con un twist que podría haber sido sacado de cualquier TV-Movie de una tarde dominical, el interés decae y los 140 minutos de metraje realmente comienzan a pesar. Pero no debemos quedarnos con el agrio sabor de boca que nos produce su tramo final, pues la película cuenta con muchísimos puntos a su favor que dejan un buen recuerdo en la mente del espectador. Cianfrance logra sacar lo mejor de sí de cada uno de los actores (también cumple con nota la a veces fallida Eva Mendes) y logra crear una maravillosa atmósfera estéticamente impecable (algo que ya demostró con su anterior trabajo). A medio paso entre una obra menor y una película de culto, la torpemente traducida Cruce de caminos (A place beyond the pines) sirve de reflexión sobre las consecuencias de nuestras decisiones y las oportunidades de redención que la vida nos puede ofrecer. O no.


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Jordi Tobajas

jordi@codecmag.com

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