Ruidoblanco

Por llenar unas líneas podríamos hablar de qué es el ruido blanco, quedando más o menos claro con una definición lingüística. Pero describámoslo: el llamado ruido blanco –sin pretensiones de caer en una teoría científica que no viene al caso-, es ese sonido molesto que oíamos cuando en Poltergeist, esa antigüedad cinematográfica de Steven Spielberg, la televisión dejaba de recibir señal, y quedaba la pantalla sumida en una “nevada” ruidosa. Es ese sonido que llega a ser, de no apagar el aparato, monótono.

Entonces entra en escena Ruidoblanco, esta vez como grupo. Con solamente un disco a sus espaldas (Midiendo el Tiempo con Canciones), este quinteto barcelonés nos ha deleitado con un estilo marcadamente pop. Musicalmente, son un grupo homogéneo, que destaca por un acertadísimo uso de las voces corales. Su vocalista y guitarrista, Salva Codinach, con Cristina Carreño –voces y teclado-, consiguen a través de una conjunción de frecuencias, otorgar las canciones de un poder que solo se logra de forma vocal.

Mediante composiciones sobrias y muy pausadas, Ruidoblanco han conseguido atrapar a un buen número de seguidores a lo largo de toda la geografía española, pero les falta explotar, y así alejarse de la monotonía musical. Hablamos de romper en alguna canción, hacer que el público salte, coree y sude. La estabilidad, lo pausado siempre puede ser bueno, llevándote a estados más melancólicos, sentimentales, y ganándote el corazón del público con ello. Pero el problema es que los corazones se rompen. Ahí es cuando has de buscar ganarte el oído, la cabeza del público, hacer que tenga otro motivo por el que seguir escuchándote.

En este caso, Ruidoblanco lo intenta, y busca hacer un buen juego con lo instrumental propiamente dicho, a base de teclados orquestales, guitarras potentes, vibrantes, y una base percutida amoldada con bajos, que mantienen la unidad musical, el tono y la grandilocuencia que intentan transmitir en sus temas.

Eso sí, teniendo en cuenta que la producción del disco –y del EP que presentan, El Hombre que Habita el Mundo– ha corrido a cargo de Suso Saiz, conocido por sus trabajos con Iván Ferreiro o Los Piratas, es porque quizás, aún tienen algo que decir, pues se nota una evolución musical y un mayor juego instrumental del lento primer disco; suenan más compactos. Otra vez, no llegan a una estallido total, pero apuntan maneras; todo evoluciona, pero siempre hay pasos intermedios. Ellos los dan siempre con unos usos vocales correctos, bien colocados, dándole brillo a sus canciones.

Y es que si alguien de la envergadura de Suso Saiz trabaja de forma continuada con un mismo artista, algo tendrá. Buscadlo vosotros el 25 de abril en la Sala El Sol de Madrid.

 Por Adrián de Pedro


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Adrian de Pedro

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