Yoga Hosers o cuando lo que falla es Kevin Smith

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El festival de cine fantástico de Sitges no es un certamen al uso y ha demostrado en numerosas ocasiones, en su casi medio siglo de vida, que no tiene ningún miedo al riesgo en cuanto al diseño de su programación. Una muestra de ello es que este mismo año hayan premiado a Swiss Army Man y al cadáver flatulento de Daniel Radcliffe.

Por ello, en las proyecciones del festival catalán hemos visto de todo y a casi nadie le sorprendía una sinopsis protagonizada por salchichas nazis. Más llamativo era que se tratara de la nueva película del mítico Kevin Smith que, tras varios desaciertos, presentó hace dos años la interesante Tusk. El elenco de la misma se presentaba también bastante apetecible, aunque más por lo anecdótico que por otra cosa. La cinta está protagonizada por la hija de Smith, Harley Quinn Smith, (que ya ha aparecido en otras obras del estadounidense) y Lily Rose-Depp, hija de Jonnhy Depp y Vanessa Paradis, ambos con presencia en el film. Para rematarlo, la película cuenta con cameos de lujo: un hilarante Haley Joel Osment, Justin Long o el mismísimo Stan Lee. También ha sitio para estrellas televisivas enfocadas al público adolescente como Adam Brody (The O.C.), Tyler Posey (Teen Wolf) y Austin Butler (Las crónicas de Shannara).

Si a todos estos ingredientes le sumamos que la película está protagonizada por dos dependientas de una tienda, o clerks, la combinación no podía ser más atractiva para todos los fans de Smith. Lástima que no haya por donde cogerla. Yoga Hosers nos presenta a dos adolescentes enganchadas a sus smartphones y con una personalidad arrolladora, que huyen de los estereotipos pese a que su vida diaria está íntimamente ligada a ellos. Las jóvenes tienen un comentario jocoso para cualquier situación y su lengua se mueve a la misma rapidez que sus dedos sobre el teclado. Las dos protagonistas ponen todo de su parte para conseguir combinar lo mejor de las clerks originales y el humor sarcástico de Juno, pero el guión no les ayuda en absoluto.

En general todos los diálogos tienen mucha menos gracia de la que pretenden aunque, hasta mitad de metraje, el filme se deja ver como un entretenimiento vacuo, la enésima comedia independiente que termina siendo un quiero y no puedo.Pero es que pasado el ecuador de la película la cosa va a peor. A mucho peor. Cabe apuntar que quien escribe estas líneas está totalmente abierto a vueltas de tuerca imposibles, pajas mentales fílmicas y al surrealismo absurdo que acostumbra a acompañar a las comedias de terror. Pero la llegada de las ya mentadas salchichas nazis no está ni justificada, ni bien explicada ni, sobretodo, bien ejecutada. Si al menos el mejunje fuera divertido pasaríamos por alto las incongruencias del filme, pero ni en esas.

En definitiva, la película peca de intentar exagerar todos sus supuestos puntos fuertes, convirtiendo una posible comedia postmoderna en una aberración sin pies ni cabeza, que se pasa de rosca al intentar encontrar un tono ácido y subversivo. Smith patina en su intento de componer una historia cool, pese a que se ha empapado de la cultura pop actual. Lo que pretendía ser la mezcla perfecta entre el humor negro que caracterizó al cineasta en los 90 y el lenguaje millennial (con múltiples referencias al universo Instagram) ha terminado convirtiéndose en un truño atemporal. Y de esto los únicos culpables son él (como director) y él (como guionista) porque si algo positivo hay que destacar de Yoga Hosers son las buenas intenciones del resto del equipo. Una pena que, en esta ocasión, el maestro no estuviera a la altura.


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Jordi Tobajas

jordi@codecmag.com

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