Walter White. © AMC
Walter White. © AMC

Son pocos los productos televisivos que logran poner de acuerdo a público y crítica, aunar a dos entes a menudo enfrentados. Son pocos, pero haberlos haylos y Breaking Bad es uno de ellos. El exitoso show de Vince Gilligan llegó a su final el pasado domingo (¿no te habías enterado?) y el resultado ha sobrepasado con creces las expectativas de fans y expertos.

Echemos la vista atrás. Todo empezó el 20 de enero de 2008, cuando AMC estrenó una serie en la que el padre de Malcolm, un pardillo apesadumbrado y moribundo,  se convertía en traficante de drogas.  No sonaba mal, pero el ritmo resultaba algo frío y la primera tanda de episodios pasó de puntillas por la pequeña pantalla norteamericana. Sin embargo, no tardamos demasiado en enamorarnos de ese universo terrible que se nos presentaba en la gris Alburquerque. Personajes estupendamente trazados, una historia adictiva, un protagonista de altura, una banda sonora de quitar el hipo y una calidad técnica envidiable. Con tan buenos ingredientes el resultado solo podía ser una obra maestra.

Skyler white  © AMC
Skyler White © AMC

Son muchas las escenas que los espectadores guardaremos por siempre en nuestra retina. Aquel anciano de la campanita, aquella tortuga explosiva, aquel villano con el rostro arrancado, aquel niño asesinado a bocajarro. Momentos de altura que han ido hilando una historia cuyo fin ha estado a la altura de lo esperado, a pesar de no haber sorprendido a casi nadie. Lo supimos desde que leímos el título del episodio: FELINA. Fe (hierro, elemento dominante en la sangre), LI (litio, usado para crear metanfetamina) y Na (sodio, en referencia a las lágrimas). Los tres elementos químicos que han dominado la ficción y que la han elevado a categoría de arte. Tan coherente y fiel a sí misma. Tan impecablemente sucia.

Breaking Bad ha jugado siempre en otra liga. Lo que empezó siendo una serie de culto para cuatro raros con bigote ha acabado convirtiéndose en un fenómeno social de grandes dimensiones. El cabrón de Walter White nos conquistó con su dureza y facilidad para corromper todo lo que se le cruzaba. Un personaje retratado por Bryan Cranston con un una maestría y crudeza casi desgarradoras. Pero no solo él merece halagos. Sus dos compañeros de gesta han brillado de la misma forma. Skyler White y Jesse Pinkman. Anna Gunn y Aaron Paul. Contenida y calculadora ella. Bonachón e impulsivo él. Ambos han formado parte de la mejor historia del último lustro y con ellos se marcha un pedacito de nuestro tiempo.

Jesse Pinkman. © AMC
Jesse Pinkman. © AMC

El broche final podría haber sido más o menos intenso, pero nunca diferente. Todos y cada uno de los personajes han acabado tal y como debían. A Vince Gilligan no se le contradice. No somos dignos. Con los últimos ocho episodios, tan frenéticos, amargos y espléndidos decimos adiós a la serie reina de la mal llamada caja tonta. Analizando el panorama actual no parece que ninguna otra vaya a ocupar por el momento su lugar. Y así debe ser. Su trono se queda tan vacío como nosotros. Porque Breaking Bad nos ha emocionado como jamás pensamos que lo haría. Porque Breaking Bad será eterna.


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Alberto Barranco

Estudiante de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid..

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