Viviendo en primera persona el conflicto armado en Etiopía

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Etiopía, cuna de la civilización y uno de los países más bonitos en los que he estado.

Mi aventura en este país comenzó el 8 abril de 2016, desde entonces hasta el pasado 13 de octubre he estado desempeñando mis funciones como farmacéutica voluntaria en el Servicio de Farmacia del Hospital General Rural de Gambo.

Gambo es una pequeña aldea asentada en torno al hospital, una zona rural perteneciente a la zona de Arsi, en la región de Oromia. La mayoría de los habitantes de Gambo trabajan para el hospital, la granja, la misión o la escuela. Los centros están gestionados por la congregación católica Consolata.

El pasado domingo 2 de Octubre, en Bisoftu, ciudad etíope situada a unos 50 km de Addis Abebba (capital de Etiopía) ocurrió una desgracia. Un día antes en esta ciudad se celebraba una gran fiesta de la región Oromia y, ya el domingo, la policía intentó disuadir a la multitud que se encontraba todavía allí reunida y comenzaron a lanzar botes de gas. En ese momento cundió el pánico y se produjo una estampida que acabó de manera trágica. ¿Cuántos murieron? no se conoce la cifra exacta puesto que el gobierno no ha dado ningún dato oficial y con el “boca a boca” es imposible saberlo con exactitud.

Este acontecimiento fue el precedente para que al día siguiente, lunes 3 de Octubre, comenzasen las protestas en diversos lugares de Oromía. Yo solo puedo hablar de lo que he vivido en Gambo y lo que comenzó aquel lunes sobre las 9 de la noche. Estábamos en casa cuando comenzamos a escuchar disparos, salimos fuera y nos encontramos con todos los habitantes del “compoun” (nombre que recibe el conjunto de viviendas que habilita la misión para los voluntarios y trabajadores del hospital), mientras escuchábamos como los protestantes pasaban hacia el bosque entonando cánticos. Los protestantes fueron al bosque y quemaron una serrería propiedad del gobierno, también la fábrica, la oficina de turismo, coches, tractores y hasta un bar de la zona. Desde el compoun veíamos el fuego y este fue el único momento en el que sentí miedo puesto que no sabíamos como iba a evolucionar el incendio, aunque gracias a que es una tierra húmeda, el fuego se apagó rápidamente y nos fuimos todos a dormir.

 

Al día siguiente al despertarme ya no tenía conexión a Internet, el gobierno había bloqueado la red en Etiopía. A mediodía los protestantes pasaron por Gambo. La mayoría eran adolescentes y jovenzuelos con palos y aquello parecía más una fiesta que una protesta. Cada vez había más grupos de protestantes que llegaban de todos los rincones de la montaña a Gambo.

Plaza de Gambo con los protestantes.

El miércoles 5 de octubre los protestantes llegaron a Gambo con la intención de hacerse con las 2 escopetas que se guardaban en la misión. La situación fue bastante tensa ya que había protectores de la misión, los cuales no querían que los protestantes entrasen e intentaban impedir que consiguieran las armas. Hubo un fuerte altercado en la puerta de la misión, hasta que lograron entrar y hacerse con las escopetas. Ya habían cogido a la fuerza más armas de otros lugares de la montaña. Consiguieron lo que querían y se fueron contentos de Gambo. Este día cortaron la “carretera” (realmente es un camino con muchos hoyos) que va desde Gambo hasta Arsi Neguele, pueblo situado a 18 kilómetros de Gambo y por el que pasa la carretera del sur que va hacia la capital Addis Ababa.

Al día siguiente jueves 6 de Octubre, sobre las 9,30 de la mañana llegaron los protestantes armados a Gambo. Tuvieron una reunión en la puerta del hospital en la que se aportó dinero para comprar balas y de ahí ya se bajaron a Arsi Neguele a luchar contra la policía. Lo que pasó en Arsi Neguele no lo vi con mis propios ojos pero la realidad es que comenzaron a llegar heridos de bala al hospital. Venían a caballo, ya que era el único medio de transporte posible para saltar los obstáculos (árboles y piedras). Estuvimos recibiendo heridos durante 3 días, y la mayoría eran heridos por múltiples balas. Ese día la luz se fue en Gambo. El de Gambo es un hospital con bajos recursos, no se dispone de mucho dinero con lo que medicamentos y el material sanitario son reducidos; aún así la mayoría de los heridos después de pasar por el quirófano tenían buen pronóstico y evolución favorable.

El lunes 10 de Octubre continuábamos con la carretera cortada. Se acabó el agua en el compoun ya que sin luz las bombas de agua no funcionan y el combustible del generador se estaba acabando también. En el hospital se tomó la decisión de cerrar la OPD (Out Patient Dispensing) y de no aceptar a ningún nuevo paciente hasta que la carretera no se abriese y la situación mejorase. Sin pacientes, y casi sin trabajadores, la situación era muy extraña, nunca había visto el hospital así. Al salir del hospital tampoco había nadie en la plaza de Gambo, me parecía todo bastante extraño, ¿qué pasaba realmente?. Nadie nos decía nada y no acabábamos de entender qué sucedía. La gente tenía miedo, miedo por lo ocurrido, miedo a la represión policial y porque parecía haberse acabado la vida en Gambo.

Tramo del camino Gambo-Arsi Neguele bloqueado por árboles.
Tramo del camino Gambo-Arsi Neguele bloqueado por árboles.

El miércoles 13 de Octubre decidí bajarme andando los 18 kilómetros que separan Gambo de Arsi Neguele ya que el jueves 14 de Octubre tenía mi vuelo de vuelta a España. La carretera que va desde Arsi Neguele hasta Addis Ababa estaba abierta y no había problema para llegar a la capital, así que decidí bajarme andando y no arriesgarme a perder el avión. Me acompañó un trabajador de la farmacia y gran amigo, el cual decidió cargar mi mochila durante todo el camino. En el pueblo de al lado se unió otro trabajador y gran persona y los tres juntos recorrimos el camino. He de decir que la última media hora la hicimos en una carreta tirada por un burro con cinco personas más y justo llegando a Arsi Neguele nos cruzamos con 2 coches de policía que subían por fin hacia Gambo. Ya desde Arsi Neguele cogí el autobús a Addis y en 4 horas llegué a la capital. En Addis no había ningún tipo de problema, eso sí, se veía más policía de la habitual. Al día siguiente cogí mi avión de vuelta a España.

Por el momento todo continua tranquilo aunque hayan declarado el estado de emergencia y el gobierno haya impuesto el toque de queda. A día de hoy la red de Internet sigue bloqueada en toda Etiopía y, salvo en las ciudades donde se dispone de Wifi, es imposible cualquier tipo de conexión.

Este es el relato de lo ocurrido en una pequeña aldea de la Etiopía rural y profunda. La historia de la lucha de un pueblo que exige y reclama LIBERTAD contra un gobierno dictatorial. Estoy a la espera de poder regresar en las próximas semanas y, en tal caso, espero traeros, al fin, buenas noticias desde la misión.

Texto y fotografías de Raquel Burdallo.


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